
A propósito del proceso de paz que se vive en Colombia y en el que se acaba de anunciar que seis (6) meses es el plazo para la firma del acuerdo, es inevitable no esperanzarse y decir que me siento activo y muy feliz porque considero que si hay paz dentro del continente habrá tranquilidad y libertad para los animales, para el medio ambiente y especialmente para los habitantes de este territorio.
Todos sabemos o al menos intuimos, que la cantidad de recursos perdidos por medio de la guerra ha sido infinita, todos sabemos que las especies animales han sufrido grandes bajas y desapariciones. Las catástrofes que ha sufrido el medio ambiente son incalculables. Por eso aplaudo que ahora se llegue a un acuerdo por la vía del diálogo, demostrando que la guerra no será más antagonista de esta violencia y de este incesante derrame de sangre que será cosa del pasado. Ahora le damos una oportunidad a La Paz y enfrentaremos la contaminación ambiental, confrontaremos la extinción animal, lucharemos contra las injusticias humanas; seremos forjadores de procesos reconciliatorios y dejaremos el odio, el rencor y la omisión.
Son tantos años de sufrimiento de los colombianos, más de 70 años, siendo la guerra más antigua del continente, una guerra sin sentido, una guerra donde los únicos damnificados han sido los colombianos y aquellos hermanos latinoamericanos quienes han recibido las consecuencias del conflicto armado, es por esta razón que debemos dar vuelta a la hoja y tomar como marco de referencia el tema de La Paz y la reconciliación, entendernos como hermanos latinoamericanos y generar una sana convivencia.
Me siento con la responsabilidad de escribir puesto que soy un hombre de paz, una persona que piensa en los demás, que actúa en pro de la protección de los recursos naturales y de los animales, porque entiendo que no somos seres unipersonales y por tanto necesitamos generar acciones que nos permitan convivir en Paz en nuestro entorno, acciones basadas en el dialogo que se refrenda a través de acuerdos firmes sustentados en el anhelo de vivir en un mundo mejor.
Esta ilusión esperanzadora de paz me mueve a esperar y a pensar que el resto de nuestra región centro y latinoamericana nos unamos para desechar mecanismos de guerra y desarmar los corazones. Empezar así a trabajar unidos, empresarios, campesinos, profesionales, doctores, estudiantes, políticos y toda la sociedad en reparar el dolor físico y psicológico, recuperar el sentido social, esforzarnos por producir herramientas que hagan de la práctica de reconciliación y la Paz un valor para instaurar en cada uno de los hogares.
Porque deseo y quiero estar en un mejor lugar, en un mundo con oportunidades, consideró que la Paz la logramos con el reconocimiento de responsabilidad desde nuestro papel en la sociedad y con la firme convicción de que si se ha cometido un daño debe haber una verdadera reparación y garantía de no repetición.
Propongo poner en práctica la escucha compasiva para entender al otro, para ponernos en el lugar del otro como complemento a los procesos instaurados en los últimos tiempos que propenden por La Paz. Propongo no hacerle caso a aquellos quienes ponen como fundamento o meta la guerra. A ellos solo tenemos que responder con actos de paz.
Dar por voluntad propia, con generosidad, ayudar a los demás sin esperar algo a cambio es de corazones humildes, es grandeza de espíritu. Cada una de nuestras virtudes redunda en


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